Mauricio Navarro tiene 35 años, es diseñador industrial y uno de los creadores de Kux, marca peruana de prendas, accesorios y objetos de decoración que se inspiran en la cultura moche.

Gracias a su trabajo de revaloración de la iconografía de este gran imperio preincaico, fue invitado a participar en la tercera edición de Travesía Raíz Diseño, encuentro que acaba de realizarse en San Pedro de Atacama y que tuvo por objetivo intercambiar e impulsar emprendimientos relacionados con el diseño, la moda y la joyería con sentido e identidad.

El encantamiento con los moche no sucedió durante las clases de historia del colegio o de la universidad, como podría haber sido. No fue la pasión de algún profesor lo que lo hizo volcar la mirada hacia esta civilización prehispánica que se asentó en la costa norte de Perú durante los años 200 y 600 de nuestra era, sino que fue provocado por el simple vaivén de las olas, el roce del viento y la belleza impetuosa del mar. “Fui tantas veces a surfear a playas como Chicama, Cabo Blanco o Lobitos, que comencé a encariñarme con la zona, a verla con otros ojos”, cuenta Mauricio Navarro. Su mirada pasó de la marea a las representaciones de Ai-Apaec, temido y adorado dios de cabeza tentacular, colmillos de felino y expresión fiera; de la espuma marina a los objetos creados por los artesanos y orfebres mochicas, o a las paredes de sus construcciones, que fue donde plasmaron todas las aventuras y batallas de sus deidades.

Toda su cosmovisión. Se interesó tanto que en 2011 se asoció al diseñador Christian Ramos para crear Kux [kux.com.pe], marca cuyo nombre significa ‘sangre’ en lengua moche y que está conformada por poleras, gorros o chullos ‘huacos’, nombre con el que se denomina a las piezas de cerámica elaboradas por las culturas prehispánicas peruanas-, huaco de peluches, llaveros y tapetes. 

“Nos cautivó esa mezcla de lo ingenuo y lo sanguinario de su mitología, porque eso nos permitía darle un diseño más funcional y una estética más pop a su iconografía; acercarla a la gente y desligarla de lo que uno ve cuando entra a un museo”, explica. Por esa razón confeccionaron todos sus productos con telas de colores vibrantes; crearon muñecos para que los niños jueguen sin temor a que se rompan, y se preocuparon de que cada etiqueta tuviera impreso un código QR, con la historia de cada ilustración estampada. “Tuvimos que estudiar bastante”, asegura. “Al poco tiempo de leer mucho, se fue transformando en una aventura: fuimos al santuario Bosque de Pómac y al valle de Túcume, en la provincia de Lambayeque, y al valle de Chicama, en La Libertad. Empezamos a entrar en las excavaciones, a conversar con los historiadores y arqueólogos que estaban investigando en las huacas -término que se usa para referirse a objetos, fenómenos, lugares o edificaciones de carácter divino-”, detalla. Las visitas no solo los nutrió de ese pasado ancestral, sino también del presente de distintas comunidades de campesinos y artesanos, con las que hoy trabajan según los principios de desarrollo sostenible: son sus proveedores de materias primas y las manos diestras que necesitan para hacer las réplicas de sus productos. Gracias a esas asociaciones fueron escogidos para representar a Perú en el Mercado de Industrias Culturales del Sur, Micsur, que se realizó en mayo en Argentina, y donde conocieron a Laura Novik y Alex Blanch, de Blink Design: “Ahí se gestó nuestra participación en Travesía Raíz Diseño, una experiencia muy bonita y fundamental para que las culturas tradicionales de nuestros países se revaloricen, se mantengan vivas y sigan presentes en el futuro”.